Neil Gaiman

Traducción, bibliotecas y dulce imaginario

People who cannot understand each other cannot exchange ideas, cannot communicate, and translation programs only go so far.

 

                                                                                                                     Extracto de la conferencia de Neil Gaiman ante la Reading Agency
                                                                                                                      el 14 de octubre de 2013 en The Barbican, Londres                                                                                                                      Neil-Gaiman-300x197

Neil Gaiman es un conocido novelista británico contemporáneo nacido en Hampshire, autor de interesantes obras de fantasía- ficción para niños y adultos que han sido traducidas al castellano como Coraline, El libro del cementerio, El océano al final del camino y Objetos frágiles (entre otros títulos).

En el diario theguardian pudimos leer su intervención en el marco de la segunda conferencia anual de la Reading Agency, fundación londinense orientada a promover el hábito de la lectura.

Gaiman reflexiona sobre traducción, lenguaje, ficción, libertad. Y espacios y hábitos para esa libertad. La traducción está presente en muchos discursos de hoy en día. Como tal, nos sitúa en el equívoco del lenguaje; en los entresijos del sinsentido. ¡Bienvenidos al lenguaje, entonces! Porque, si hablamos de literatura, hablamos de traducción. Y, si hablamos de no entendernos (o de entendernos a medias), hablamos también de traducción.

Pero no todo está perdido.

En su intervención ante de la Reading Agency, Gaiman hizo una apología de lo que representan las bibliotecas en la actualidad. Y representan mucho. Cuando entramos en una biblioteca nos adentramos en un espacio de liberación y descubrimiento. Nuestro catálogo interno nos empuja a querer buscar, y leer ficción -y perdernos o encontrarnos en ella- es lo que nos da las alas de la libertad.

Promovamos las bibliotecas. Reivindiquemos que haya una en cada esquina; en cada barrio, barriada, distrito o calle. Leer, buscar y viajar parece algo difícil, pero no lo es cuando el pensamiento nos conduce a ello.

Gaiman avanzaba en su reflexión:

And the second thing fiction does is to build empathy. When you watch TV or see a film, you are looking at things happening to other people. Prose fiction is something you build up from 26 letters and a handful of punctuation marks, and you, and you alone, using your imagination, create a world and people it and look out through other eyes. You get to feel things, visit places and worlds you would never otherwise know. You learn that everyone else out there is a me, as well. You’re being someone else, and when you return to your own world, you’re going to be slightly changed.

La incomodidad del vivir nos hace sentir descontentos. Pero el descontento puede ser beneficioso porque de él brota el ánimo de querer cambiar el mundo, el ánimo de imaginar que somos otro, aunque nuestras torpes narices en ocasiones no nos dejen mirar más allá. Pero sigamos desgranando el porqué de la lectura.

Albert Einstein was asked once how we could make our children intelligent. His reply was both simple and wise. “If you want your children to be intelligent,” he said, “read them fairy tales. If you want them to be more intelligent, read them more fairy tales.” He understood the value of reading, and of imagining. I hope we can give our children a world in which they will read, and be read to, and imagine, and understand.

Gaiman explica cómo una vez le preguntaron a Einstein cómo podemos criar a niños inteligentes. “Si quieres a un niño inteligente, léele cuentos de hadas”, respondió. “Si quieres que sea aún más inteligente, léele más cuentos de hadas”, remató.

Con sencillas palabras, Einstein ya aventuraba lo que nos hace falta en nuestros días: leer a los niños, hacerles entrar en los territorios de la ficción, es el arma dialéctica que les defenderá y les dará placer. Leer a nuestros niños les dará entrada gratis (tanto si son mayores o menores de 3 años, con o sin carnet de club superqué) al mundo del dulce imaginario.

Entremos en las bibliotecas; reivindiquemos las bibliotecas (¡no sólo por su aire acondicionado!) y reivindiquemos el libro (¿físico? ¿digital? eso es carne de debate para otro día) y sigamos el rastro del buscador interno; no el buscador más buscado de la red de pesca cibernética: el buscador que cada uno lleva dentro.

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