El viento que arrasa

El viento que arrasa“El viento que arrasa”, Selva Almada
Mardulce, 2015
Ficción

 

Algún día se treparía a un coche y se alejaría para siempre de todo. Atrás quedarían su padre, la iglesia, los hoteles. Quizá ni siquiera buscaría a su madre. Solamente echaría el auto hacia delante, siguiendo la cinta oscura del asfalto, dejando, definitivamente, todo atrás.

“El viento que arrasa” es una novela escrita por Selva Almada y publicada originalmente en Buenos Aires en 2012. Se trata de un texto heredero del realismo latinoamericano, en el que encontramos a unos personajes que, por encima de todo, perduran en la memoria. Este es el acierto de una novela de estilo directo, donde la acción se sobrepone a los sentimientos y son las sensaciones las que van calando en cada diálogo, en cada breve y contundente descripción.

No hay artificio en “El Viento que arrasa”. A través de las páginas, viajamos por las carreteras del norte argentino y atravesamos Entre Ríos, Concordia, Chaco. Con breves descripciones, nos alcanzan los olores, las texturas, las heridas de los personajes. El calor es oprimente; calor y asfalto desempeñan un papel importante en la trama. En esta historia encontramos a Brauer, el mecánico, cuyo árido carácter impide atisbar los restos de una ternura perdida hace tiempo. El mecánico, también llamado “El Gringo”, acoge durante unos días en su casa-taller al Reverendo Pearson y a su hija Leni, quienes llegan con su coche averiado, haciendo un descanso en su recorrido litoral por el país de la Sierra de la Plata. Una avería que se prolongará durante días, forjando la convivencia entre los personajes. En este cuadro de actores destaca el chango Tapioca, un muchacho de esperanzas cortas que encontramos semi-escondido entre las desvencijadas piezas del taller del Gringo. Los personajes de Almada no esperan nada; nada les ilusiona ni piden existir, tocados por un nihilismo que convive con lo salvaje, con la fuerza de la naturaleza y el avance inexorable de la vida. Como máximo exponente de lo salvaje, en esta novela se explora el miedo cuando somos niños. Tapioca y Leni son personajes despojados de sus referentes maternos; sin embargo, en esta historia las mujeres son modelos fuertes que tiran adelante a pesar de todo. Como lectores, intuimos que la ausencia de ellas –en una obra tan masculina– es una clara señal de su importancia. El Reverendo Pearson se encuentra de travesía con su hija con el objetivo de recabar fieles, predicar el evangelio y formar a sus pastores (Zack, del que nunca sabremos más). Así vemos cómo se despliega un patetismo religioso antitético al realismo que impregna la novela de principio a fin. En efecto, el vacío que dejan las figuras maternas se manifiesta con una antítesis entre fervor religioso y falta de sentimientos. No hay grises en “El viento que arrasa”; quizá el único gris que podemos encontrar es el de Tapioca, el changuito, quien quiere definirse, quien es la esperanza.

La responsabilidad de los sentimientos recae en el lector. Con un estilo distante en el que el narrador no existe ni se le espera, la historia nos recrea escenas de una intensidad cruda. El bautismo como elemento costumbrista y afectado; la muerte, la naturaleza agreste. Por otra parte, se produce, en el transcurso de la trama, una incomodidad creciente del lector hacia el pastor protestante Pearson. Tal incomodidad se convierte en irónica curiosidad, pues, en un contexto tan religioso, el lector está deseando encontrar pecados en Pearson. ¿Se desvelarán?

Entre estas líneas, los hombres están movidos por la inercia, por la neurosis. Almada demuestra, con su novela, una gran habilidad escogiendo elementos externos para transmitir sensaciones. El Bayo es un gran ejemplo, pues, a través de la instrumentalización de este perro, acuden al lector los olores y sensaciones de una tormenta que –entre muchos otros– destapará los secretos de la naturaleza.

Queremos saber más de estos personajes. Con 160 páginas, la novela termina, pero Leni, El Gringo, Pearson y Tapioca siguen caminando en nuestros pensamientos.

Esta entrada fue publicada en Ficción y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s