La vida equivocada. LuisGé Martín

“La vida equivocada”, LuisGé Martín
Anagrama, 2015.
Ficción

 

“Lo que vi ante mí fue la ciénaga negra de la que en las últimas semanas creí haber escapado”

El escritor LuisGé Martín ha retratado, con La vida equivocada, una trama sobre el despertar y la decadencia vital. Sobre la base de esta interesante paradoja conceptual se construyen las vidas de los personajes, que están siempre en continuo movimiento hacia la consecución de un ideal de éxito que convive en todo momento con un existencialismo resarcidor y destructivo a partes iguales.

La historia aborda un complejo círculo de recuerdos que empieza con el descubrimiento sexual y afectivo del narrador protagonista. En su juventud, el narrador conoce a Max Leopardi en un taller de escritura y entre ellos se teje una particular y fulgurante relación basada en la inquietud intelectual y vital. Martín escribe con un pausado ritmo narrativo que nos permite saborear todos los matices de este enamoramiento. Max le desvela a su amante los misterios que empañaron su legado familiar y le esboza todos aquellos momentos de extrañeza y sorpresa que hubo vivido en su infancia.

En “La vida equivocada”, la búsqueda de sentido y el realismo empañan las acciones de todos los personajes. La intensa relación entre Max y el narrador debe llegar, por necesidad, a su fin. Una escisión que el narrador describe como una ciénaga negra. Los años pasan y este se reencuentra con Max. En ese momento, lo que sus ojos contemplan es el resultado de las vidas que han sepultado a Max: la vida de su madre Aurora; la vida de Ricardo y de sus turbios compañeros de filas. La vida de su padre Elías, en constante cambio, y la sombra existencial que proyectará para siempre sobre su hijo: el monstruoso no-deseo.

¿Vidas equivocadas?

A través de cartas y notas documentadas, el narrador explica el devenir vital de Elías, que es el verdadero protagonista de la historia. Su madurez invertida, movido por un espíritu balzaquiano, lo lleva a errar constantemente. Dividido entre España e Inglaterra e inspirado por deseos de grandeza, ejerce los trabajos más precarios o eleva el espíritu hacia la contemplación del arte, del estudio y de la erudición; una tríada que le embarcará en un vuelo destructivo. Opulencia y austeridad y, entre estos dos polos, la total abnegación de Aurora, que fluye con la historia como un remo sin vida. Pero Elías cree en la palabra. Resulta narrativamente interesante cómo un personaje como él, franqueado por luces y sombras, es, a la par, intachable en valores como la lealtad. Pero no sólo eso: LuisGé Martín trabaja los personajes con tal profundidad que entendemos a Elías, comprendemos sus temores e incapacidades, canalizamos sus miserias, asistimos a sus momentos de brillo y lo redimimos de todos sus pecados. En esta línea, Elías mantiene una relación extraordinariamente leal con Christopher, pese a los vaivenes de la vida, y recurre al poder sanador de la palabra y de la fábula porque confía en la oralidad. A este poder recurre para ayudar a los que están a su alrededor. Amante de la literatura y devoto de las vidas de las personalidades literarias, políticas o científicas, Elías se memoriza las anécdotas de aquellos personajes importantes que le parecieron fascinantes para intentar paliar su vacío interno, y emplea este mismo poder sanador citando las anécdotas a personas importantes de su vida: a Christopher, a Barrientos y a Escolano. Por último, a Max.

Como vemos, el no-deseo paterno de Elías sigue existiendo y difícilmente se borrará. Acuden al texto los ecos lacanianos de construcción del ‘yo’ en base a la mirada del otro. El espejo de Max es Elías, pero la imagen resultante, ¿acaba siendo recíproca?

Abstraído, idealista y profundamente ensimismado en la consecución de un fin práctico o artístico, Elías pasea por la vida intentando encontrar su sitio. La música es su pasión, es el paroxismo del arte y la desolación para él. Y a la música acude, pero siempre llega tarde.

El círculo de recuerdos se va cerrando poco a poco y vamos así entendiendo el porqué de todas las extrañas escenas familiares que, desde su perspectiva de muchacho, Max relató a su joven compañero y amante. Por el camino aparecen la traición, la desesperanza y la perseverancia. El enigma hamletiano de Max explota al fin y su carisma tiene atrapado al lector, quien buscará, junto a él, respuestas. No queremos dejarlo ir; lo importante es la existencia, pero a veces esta se torna imposible.

Errar puede llevar al éxito o al fracaso, pero el latente deseo de no existir se mantiene imperturbable y ni siquiera el poder sanador de la palabra intercede lo suficiente.

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