Día D

Se agarró lentamente a mi dedo. Parecía que un resorte había hecho accionar esa mano arrugada. Tuve la sensación de que estaba viviendo momentos irrepetibles. Mi dedo, su precioso lazo vital. Me agarró aún más fuerte, lo noté. También noté que no quería dejarlo ir. Mis ojos se empañaron. Me retoqué el pelo; intenté disimular. Un silencio espeso cubrió por completo la habitación del hospital.

Me levanté y salí apresurado.

-Lo siento -me dijo la enfermera.

Salí a la calle, donde un par de matrimonios discutían porque unos enanos de medio metro se manchaban los abrigos de chocolate.

Era Navidad, decían.

Esta entrada fue publicada en Fotorelatos y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s