escaparates y escapa ratas

By

Hace cosa de treinta años, en Barcelona, existía una red de tiendas especializadas que se dedicaban al comercio al detalle. Comienzo nombrando mi preferida -supongo que ya imaginaréis cuál-: la papelería de barrio.

Cerca de mi casa, a unos trescientos metros entre sí, existían dos papelerías-librerías que me chiflaba visitar: la Cheles y la Moebius. Allí se compraban libros, estuches, reglas, papel de seda, regalos, etc. Y lo más importante: chucherías.

Existía el ritual de ir pidiendo golosinas de una en una (una nube; un fresa; un huevo frito; un peta zetas) mientras el dependiente aguantaba con una bolsita de plástico en una mano y las pinzas metálicas en la otra. En total, el contenido de la bolsa podía ascender a cuarenta pesetas.

Nos dedicaba tiempo.

Barri del Carmel

El comercio ha cambiado mucho. El imperio económico del «hazlo tú mismo» ha reducido las posibilidades de interactuar en las tiendas. A este respecto, no soy pesimista. La conversación siempre se abre paso. El ser humano sabe, aunque de manera inconsciente, que el contacto te sana; te saca de tu caparazón.

La variedad de tiendas escasea; la especialidad está en peligro. Todos participamos en ello; de una u otra manera, somos consumidores de franquicias y multinacionales. Sin embargo, seguimos viviendo en barrios y cada barrio de la ciudad tiene su propia personalidad. Los negocios locales pueden y deben regresar. Podemos abrir un modelo de consumo en el que recupere su lugar el establecimiento de barrio, porque nunca lo perdió. Comenzando con pegar un tijeretazo a la oferta desquiciada de los precios de alquiler abusivos.

¿Franquicias? Difícil eliminarlas, pero hay que plantearse el porqué proliferan en tal cantidad, ahogando el comercio de su entorno. ¿Hacen falta tantas en un perímetro limitado, sabiendo de antemano que coexistirán con negocios de oficio, que abren y cierran la persiana a diario y llevan sus propias cuentas, incluidos impuestos de todo tipo inherentes a una ciudad cada día más cara e interesada?

Hace un par de días, paseando por el barrio del Carmelo, encontré esta serigrafía pintada en la persiana de una colchonería. Me daba cuenta de que ya no respiraban las tiendas que acostumbraban a poblar la calle empinada. Había un aire de decadencia resignada.

Sabemos que el mundo ha cambiado. Pero la revolución que ha supuesto internet jamás podrá arrebatar la autenticidad de los barrios.

¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete

Deja un comentario