La traición de los editores

“La traición de los editores”, Thierry Discepolo.
Original en francés “La trahison des éditeurs”.
Traducción: Gabriela Torregrosa
Trama Editorial. Primera edición, 2013.
No ficción.

 

Trama editorial se encarga de publicar este interesante ensayo titulado “La traición de los editores”, escrito por el también editor y director editorial (sello Agone) Thierry Discepolo. Traduce Gabriela Torregrosa.

 Thierry Discepolo es, además de autor del libro, el fundador del sello independiente francés Agone desde 1998. Con esta firma, se propuso difundir obras que incidieran en la crítica social y política,  en el análisis de la historia y en la literatura comprometida. Un dato que nos aporta mucho sobre el nivel de construcción ideológica que sustenta “La traición de los editores”. Elogios para la traducción al español, nítida y fluida. Por momentos he olvidado que el original estaba escrito en francés (obviando, claro está, las muchas referencias del autor al panorama editorial actual francés).

Después de leer esta propuesta, me han entrado ganas de fundar 63 editoriales independientes (¡no! Todas a mis órdenes no: eso sería monopolio. Bueno, pues entre unos cuantos… ¡Tampoco! ¡¡Eso sería oligarquía!!). Mejor me dejo de reflexiones vacuas y nos vamos al eje del asunto que es mi lectura crítica…

El concepto ‘independencia editorial’ resuena ya desde las primeras páginas de este ensayo divulgativo. En efecto, Discepolo ha escrito un manual-ensayo desde el rigor y el autoconocimiento de la situación editorial en Francia. Y desde la valentía. Es riguroso porque explica, con datos y fechas, la sucesión de movimientos/malabarismos empresariales de mano de los grandes grupos editoriales franceses en pro de la concentración del gran poder y de la natural tendencia al capital. Está escrito desde el auto-conocimiento porque el autor nos habla desde las trincheras, en tanto editor, observador y militante de la (supuesta) independencia editorial. Y es valiente porque proporciona nombres, apellidos y trayectorias editoriales de los principales agentes de la producción industrial del libro.

Se trata de un ensayo cuya estructura viene articulada con capítulos de estilo narrativo fabulesco. Parece que el autor hubiese querido darle un toque de “peripecia” a cada capítulo. Así, Discepolo se vale de un profundo análisis crítico para cargarse, en tan sólo la página 10, el sueño de emancipación ideológica (o emancipación editorial) que deberíamos perseguir como sociedad e individuos, tildando de “cuento” la independencia editorial. A lo largo de las páginas nos damos cuenta (con ejemplos de sucesiones entre cargos, cesiones, absorciones monopolísticas entre editores o directores editoriales, compraventas entre editoriales, movimientos bursátiles y accionistas cuyos beneficios recaen siempre en las mismas editoriales, etc.) de que son los grandes grupos económicos los que se reparten el pastel: Editis-Planeta, Hachette y Actes Sud están entre los principales conglomerados de producción editorial. Y en su mecanismo táctico es donde la producción cobra su particular integridad: la escala industrial. El movimiento lógico que desempeñan estas editoriales tiende siempre a copar el mercado. Tanto son tanto ambicionan. Existen muchos polos en la creación y difusión del mundo de las letras: el librero que vende obras de fondo previa selección de títulos; el traductor anónimo desde su casa; el gigante establecimiento a escala gráfica (Fnac) o multivendas (Walmart). Al existir un poder editorial (¡y de difusión de ideas! no lo olvidemos) muy grande y concentrado en tan sólo unos pocos, este poder editorial acaba encajando perfectamente con el puzzle mercantil de los -también grandes- establecimientos que reciben las demandas de este poder. La dinámica del mercado responde a grandes volúmenes de venta entre los agentes intermediarios (comerciales/distribuidores y librerías) para poder, así, abaratar el producto, exigiendo de los libreros el famoso descuento, pero, ¿dónde obtendrán más descuento los distribuidores: en una librería de alta envergadura que vende a lo bestia (hasta eso es relativo en nuestros días), o en una pequeña librería que se caracteriza por ofrecer una propuesta seleccionada de títulos a sus lectores? Obviamente este segundo establecimiento no puede comprar en grandes cantidades, y a él le corresponderá un menor descuento.

Pero ahí no queda el asunto: son los grandes grupos quienes también poseen los medios de difusión (productoras audiovisuales, prensa y radiodifusión); quienes crean el interés por parte del público/lectores y quienes copan su demanda. (¡Y si hace falta se hace una peli del libro, que también tenemos productora!)

Pero un momento… ¿productora?, ¿producción?, ¿compradores? ¿Acaso no estamos hablando de la difusión del saber y de las ideas? Discepolo nos describe con demoledora precisión el modo de proceder de la industria a este respecto.

El ensayista lanza un retrato realista del escenario de la producción editorial: luchas encarnizadas por llegar a las mesas de novedades, tiempos limitados de venta para que el libro sea rentable y dar paso a otros. Presión. Presión a los pequeños (físicamente) agentes de difusión y venta de libros, porque no interesa lo que venden y la manera en que lo venden. El autor repasa las carreras de afamados editores franceses de la industria y se sirve de sus opiniones para avanzar en sus argumentos: así comprobamos, línea tras línea, cómo los gigantes editoriales trabajan como máquinas perfectas: crean el interés temático según moda y tendencias (porque es habitual que posean medios de comunicación escrita, o sea, prensa); sirven las herramientas (distribución industrial) y recogen las demandas del público.

Discepolo desgrana su análisis: a priori, podríamos pensar que en este engranaje con el que funcionan las grandes editoriales no caben los libros de crítica académica, intelectual o política decididos a combatir precisamente el lamentable modelo capitalista de nuestra sociedad. Sin embargo, sí que recogen estos temas y el motivo es muy sencillo: asegurarse prestigio. Fabriquemos como churros pero de vez en cuando aportemos títulos de calado político para crear un espejismo de compromiso social. Mientras tanto, la maquinaria sigue funcionando.

Es este un ensayo tan crudo como directo. En algunos pasajes puede resultar tedioso ir asistiendo a los encuentros y desencuentros entre editores, a sus movimientos empresariales y a los giros de sus carreras. La pluma del autor está llena de suspicacia (quizá demasiada). Pero también hay lugar para las notas positivas: Discepolo advierte las iniciativas y sellos editoriales que abogan hoy en día por la independencia de sus contenidos y medios de difusión.

Por lo interesante del tema, el apartado de conclusiones se me ha quedado corto y brusco en sus últimas líneas. No obstante, estamos hablando de un ensayo crítico (muy focalizado en la industria editorial francesa, por otra parte) necesario, de lectura tan útil hoy como el siglo pasado, y en el que se advierten preocupantes síntomas que nos tendrían que movilizar para querer cambiar las cosas. El modelo de negocio editorial en el que estamos inmersos está controlado por unos pocos, y eso no es independencia editorial.

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