–Estás distinta.
–No. Estoy distante.
–Eso he dicho. Distante. Antes eras… distinta.
–¿Cuándo, antes?
–No sé. Antes.
-¿’Antes’ hace mucho o ‘antes’ hace poco?
-‘Antes’ hace poco.
–¿Y hace poco era tan distinta que no notabas que ya estaba distante?
–¿¿Llevas tiempo distante??
–¿Tú qué crees?
–Creo que todo es demasiado inquietante. Y quiero que vuelvas a ser como antes.
–Quizá ese ‘antes’ es un recuerdo que te interesa a ti, quizá es más cómodo para ti, antes de asumir que llevo demasiado tiempo así.
–¿Así… cómo? ¿Distinta o distante?
–Distante.
–Entonces, ¿eres la de siempre?
–Soy la que tú has querido moldear a tu imagen y semejanza. Pero, ¿sabes qué? Se va a acabar esta puta mierda diletante.
–Vale. Definitivamente, estás distante.
–Bien. ¿Y qué piensas hacer?
–Voy a hacer todo lo que haga falta para que no estés distinta.
–Tarde.
–Bueno… pues, en ese caso, procuraré que no estés distante.
–Muy tarde.
–¿Y ahora qué pasa? ¿Qué hacemos?
–Ahora (en realidad, en media hora) pasa un tren de alta distancia. Y no ‘hacemos’. Hago.
–¿C-cómo?
–Que me voy. Que el tren sale en media hora.
–¿Volverás?
–Volveré distinta y me alojaré en otro piso, muy distante a este, y sin lastres.

¿Te ha gustado este artículo? ¡Suscríbete!

Deja un comentario