la aventura de escribir

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Cuando te gusta escribir y lo haces con ánimo de que te lean -pero con poca experiencia-, la pasión que te provocan los personajes e historias que han salido de tu cabeza suele ser directamente proporcional al batacazo que te llevas cuando obtienes un silencio áspero por parte de las editoriales en las que te mueres de ganas de ver publicada tu obra.

Por suerte, los cabezotas con tendencia a pensar que el resultado nunca está del todo bien cultivamos un deseo interno que no se extingue, por propicias o alentadoras que sean las circunstancias que nos rodean.

Hay tanto escrito. Cuentos, relatos, historias, historietas, microrelatos, dos novelas cogidas con pinzas. Lo más valioso es poder volver sobre todos estos embriones literarios malformados y preguntarte: ¿cómo es posible que yo escribiera tal bazofia? Menos mal que no me respondieron de las editoriales.

Bueno, basta ya de lloriqueos. La vida es demasiado agridulce como para llevarnos hostias gratis. Desde que supe que me gustaba escribir, me he apuntado a todos los saraos escritoriles habidos y por haber, porque creo que a lo largo de los años el camino más sensato de todo escritor es el de formarse, leerlo todo y rodearse de profesionales que saben del oficio.

La importancia de las libretas en literatura. Esta, en concreto, es de Juan Marsé, expuesta en el Museu d’Art Contemporani de Barcelona

Cuando estudiaba Traducción e Interpretación, la enigmática Amparo Hurtado nos dijo un día: «a traducir se aprende traduciendo». Lógico, ¿verdad? Pues la receta de escribir aún tiene más ingredientes: esperar, asumir, perseverar.

Escribes más sola que la una. De hecho, cuando fluye la escena es fascinante. A veces he salido a la calle tras una intensa sesión de escritura (sobre todo en la recta final de «Crónicas de Leshy», mi primer retoño literario, tan costoso como placentero) como si me hubiese engullido un cóctel de psicotrópicos. Estaba en otro planeta. El de la literatura. Donde más me gusta estar.

Mi primera novela publicada «Crónicas de Leshy» (2023)

Pero en el transcurso de los años, me he dado cuenta de que la necesidad de recluirme en mi mundo literario ha convivido con la pulsión de abrir los ojos y descubrir enfoques literarios distintos a los míos, pues no hay nada peor que rodearte de comodidad.

Uno de los cursos que más me marcaron hace ahora diecisiete años fue Iniciación a la novela, en la Escola d’Escriptors de Barcelona. La primera vez que pisé aquella baldosa modernista de l’Ateneu Barcelonès sentí que estaba penetrando en un santuario intelectual. Aprendí tanto. Cada uno de nosotros llevábamos a clase diez copias de nuestros textos y las repartíamos entre los compañeros. ¿Te imaginas hacer lo mismo hoy? Invertíamos en los demás. Por cierto, gracias a mi hermana, la culpable de todo esto. Gracias, bellísima.

A lo largo de los años se fueron sucediendo talleres, ferias, festivales, cursos y concursos sobre escritura. Mis libretas se multiplicaban. Siempre es la misma emoción cuando oyes hablar sobre literatura. No todos los cursos fueron acertados. A veces te topas con funcionarios de la literatura, arrogantes mediocres que creen estar en el panteón de los dioses escritores e imparten cursos por pura y estéril inercia. De esas formaciones te olvidas fácilmente.

Recuerdo aquel concurso de escritura exprés en la Biblioteca Vapor Vell del barrio de Sants. Por la mañana, escribíamos y, por la tarde, se fallaban los premios. Aquella sala atestada de gente estrujando sus bolígrafos. Fue tan emocionante participar con mi amiga Juli, que me avisó con apenas una hora de antelación.

El premio del Concurso Internacional de Literatura rápida era una cafetera.

Victoria Bermejo y su taller en la Biblioteca de Nou Barris sobre relato corto sintetiza otro momento para el recuerdo. Una de las compañeras -éramos todo mujeres- estalló a llorar porque a través de su relato había descubierto una de sus mayores rabias: los abusos sufridos en época escolar.

He hecho talleres pintorescos, como el de Aprender con los sentidos. La profesora era una mexicana deliciosa. Nos tapaba los ojos para exprimir nuestro oído, olfato y tacto. Leímos Como agua para el chocolate y El perfume. Hacíamos dinámicas de grupo y nos olíamos mutuamente. El último día, nos sorprendió con una salsa de chile, elaboradísima, que debíamos probar con pan untado y ojos tapados. Escribimos lo que sentíamos.

La escritura me ha llevado a vivir tantas aventuras.

Haciendo un salto en el tiempo, rápidamente te situarás en la época de la pandemia, cuando lo que más nos faltaba era compañía y presencia. En aquellos días inciertos me enganché al curso de escritura online de Ingrid Van Gerven, y se volvió a prender la mecha de la escritura.

Después de siete años absorbida por la docencia, dándome de cabezazos contra un sistema educativo que dice ser inclusivo cuando, en realidad, no lo es, debo reconocer que he seguido escribiendo, pero he domesticado la mecha de la pasión, centrándome en el proceso. No obstante, reconozco que he descuidado por momentos lo que verdaderamente es la escritura, lo que irónicamente he mencionado antes -esperar, asumir, perseverar.

Solo tengo que recordar el insomnio que me produjo ser convocada al concurso de relatos de la coca-cola (con apenas diez u once años), para recuperar el hilo y saber que sí, todo tiene sentido y forma.

Por ese motivo, hace quince días, sentí que era el momento de recuperar la chispa. Después de seguir durante meses el boletín online sobre escritura de Jimena Fer, y notar los efectos de sus consejos sobre escritura como si de pequeñas píldoras vitamínicas se tratara, hace exactamente dos semanas me decidí a hacer el curso Claves del bestseller de Jimena. Sabía que sería intenso y que el programa didáctico llegaría a la médula de lo que significa escribir. Y así ha sido. Jimena te conduce por la estructura narrativa con el objetivo de que mires tu proyecto de frente, con rigor y objetividad, y empieces a intervenir sobre él, como una escultora de las palabras.

Jimena Fer, editora de mesa, lectora editorial y profesora de escritura

La pasión de Jimena, su experiencia y lucidez se vuelven imprescindibles para cualquier escritor receptivo y consciente del trabajo meticuloso que implica la narrativa.

Claves del bestseller, el curso de Jimena Fer que estoy haciendo en la actualidad

Con la perspectiva de los años, me siento preparada para caer en la marmita de este curso de cuatro meses, el cual recomiendo muchísimo si quieres entrar intensamente en la narrativa, entender su arquitectura y llevar el oficio de la escritura a la práctica.

Estoy preparada, sobre todo, para seguir escribiendo. Sigo siendo la misma frikimpulsiva de libreta a cuestas, pero esta vez, la cosa va en serio.

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