Pareidolia: cuando parece, pero no lo es (¡pero lo parece!)

By

¿Eres de aquellas personas que ven instantáneamente formas vitales en objetos cotidianos inexpresivos como una pared, un tronco de árbol o un puñado de nubes?

Tienes pareidolia. Ve a urgencias.

¿Sigues leyendo? Era una broma. Tienes pareidolia, pero ya tenemos suficiente toxicidad a nuestro alrededor, y la toleramos asombrosamente, como para ir al médico por un fenómeno psicológico natural y evolutivo. Además, espero que el tío de la bata blanca no nos haya oído, porque de lo contrario ya estará imprimiendo la receta con los ansiolíticos.

No, no y no. No es ningún trastorno, ni diagnóstico psiquiátrico. Se trata de un fenómeno psicológico descubierto por el neurocientífico Jeff Hawkins, quien formuló la teoría de la memoria-predicción y la desarrolló en su libro Sobre la inteligencia (Espasa, 2005). La teoría se basa en los estímulos que recibe el cerebro y que procesa tomando como referencia los patrones visuales ya existentes, de tal manera que nuestro órgano pensante nos permite configurar una manera eficaz de movernos en un entorno -normalmente natural- donde es importante hacer predicciones de lo que está a tu alcance para seguir avanzando en tu itinerario.

Se trata de una función cerebral que arranca de nuestros hermanos primates, la cual nos sirve como señal de alarma para detectar la presencia de depredadores o afinar nuestra percepción, reconociendo en microsegundos la proximidad de un enemigo o posible aliado. Como el cerebro asocia la imagen a un patrón conocido, la completa rápidamente y, a menudo, le añade emocionalidad (caras tristes, enfadadas, alegres o serias).

Lejos de pensar que los sujetos que ven habitualmente caras o animales en objetos o cosas corrientes tendrían que estar tocando la flauta en cualquier esquina cercana a un garito a reventar de hocicos bebiendo cerveza y sidra y no ocupando oficios o cargos de responsabilidad porque podrían ser un peligro público, lo cierto es que tales personas tienen un cerebro que va como la seda. Según las últimas investigaciones en neurociencia, esta lectura predictiva realizada por nuestro córtex cerebral nos indica que las conexiones neuronales funcionan a las mil maravillas.

Llevo días pensando en esto. Precisamente, hace un par de semanas mi amiga Maite y yo nos internábamos juntas en un bosque del Parque Natural del Montseny, cuando un tronco captó mi atención. Tuve que decírselo. ¿A qué te recuerda este tronco? La emoción de mi rostro le hizo sonreír como sonríe una gran amiga. Me conoce. Horas después, cuando la tarde ya estaba avanzada, le dije que volvía al bosque equipada con la cámara fotográfica en busca del tronco raro que había llamado a mis puertas sensoriales. Lo hemos bautizado troncodrilo.

Lo llaman troncodrilo. ¿Y tú, qué ves?

En definitiva, si tienes pareidolia mereces un aplauso de estadio de fútbol, porque has garantizado -tú y unos cuantos más- la supervivencia de la especie humana -eso es positivo, no te pongas nihilista- y además has causado una necesaria adaptación evolutiva en aras de la inteligencia y la toma rápida de decisiones.

Por lo tanto, no te lo pienses. Has triunfado, por hoy. (Y el médico, que se quede en su casa tecleando su ordenador).

Troncodrilo posando (tengo mucha pareidolia)
Troncodrilo selfie (ya está: me voy al psiquiátrico)

Y tú, ¿qué ves?

← Volver

Gracias por tu respuesta. ✨

Deja un comentario