Trabajo es clavo (y todas sus secuelas)

Trabajo

es clavo

Homínido oscilante;

estigma esperanzado.

Esperanz…

Hado.

Secuela

se cuela;

señuela

se enardece;

se engrasa la mustia

muesca de miseria.

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Eurocon 2016 Barcelona. Literatura sin género de dudas (II)

Segunda parte de mi crónica de la Eurocon 2016 tras mi pausa de té, que ha venido patrocinada por el anuncio de un imbécil que alcanza prestigio social conduciendo su coche nuevo y de una joven que investiga con su novio las alternativas para dotar de brillo las baldosas de su cocina –anuncio rigurosamente moderno de nuestros días: tú mete en escena a un varón, para que no se note tanto, pero que ella lleve la voz cantante, en tanto fémina ocupada en asuntos de limpieza y/o pulcritud.

Mientras se reproducían estos anuncios de interés antropológico, me he convertido en cocatriz y he mirado fijamente al urco, que ahora está quietito y no molesta.

The failures of futurology fue una de las charlas –abanderada por los expertos Radoslaw Kot, Brian Lisbet, Salvador Bayarri y Charles Stross– de mayor profundidad filosófica. Se reunían para la ocasión significantes que penetran hasta nuestra alma como consumidores y como personas: los deseos de construcción y las expectativas de la industria; la política que se esconde tras las decisiones de las empresas de tecnología y la relación entre las tendencias tecnológicas y la ciencia ficción. Como escritores, sólo tenemos que mirar sucintamente a nuestro alrededor para hallar aberración. Pero no sólo eso: la gran pregunta que explotó en el Auditori del CCCB fue: ¿Se puede predecir el futuro? Por supuesto que no, aunque a veces nos hagan creer que sí. Dejando de lado los avances en materia de medicina, los futurólogos de hoy en día se personifican en la figura del consultant. Cuál va a ser la tendencia tecnológica se convierte en el melón abierto de la industria, que pretende guiar nuestro consumo. ¿Qué leches tiene que ver todo esto con la ciencia ficción? La psicología de la obra literaria está contagiada de las contradicciones de la sociedad moderna y, en una mayoría deseable de los casos, las expone y critica. El articulista irlandés experto en videojuegos Brian Nisbet nos lo describía con sencillez: las herramientas del ser humano cambian; la tecnología también. Pero no tienen por qué cambiar al ritmo que pretende marcar la industria. Existe una intencionalidad hacia el cambio –el avance tecnológico en determinados campos– que beneficia sólo a una élite. No hablamos de la tecnología aplicada a la medicina, sino a las supuestos progresos tecnológicos que buscan modificar nuestro comportamiento, nuestro consumo.

Nisbet también expuso una interesante observación: en la esfera de la industria tecnológica se habló en su día –y se sigue hablando– del desuso del correo electrónico. Les interesaba. Pero eso no ha sucedido. Las grandes empresas tienen prisa y empujan. En nuestros días, lo único que debe empujar es la cabeza pensante.

Tecnología y futurología impregnaban mis narices como cloro de piscina municipal. ¿Regreso a mi casa, acaricio al urco y me preparo una tortilla con todos estos conceptos? No, todavía quiero más y quiero irme a escuchar a Alfredo Álamo, Hugo Camacho y Cisco Bellabestia. Los géneros efímeros: el problema de la estética en el género fantástico fue el título la charla. Yo no calificaría de problema la estética en el género fantástico. Los lectores modelan una tendencia, que se acaba llamando tendencia si se publica y se habla sobre ella, mientras que lo no-publicado también es literatura –limpia, en su cajón secreto, la mayoría de los caos. En esta charla resarcidora se habló precisamente de temas insólitos, intrépidos, poco explorados o en la frontera estilística y temática. Es cierto que muchos géneros literarios comadres del bizarro aparecieron –como bien apuntó Alfredo Álamo– y duraron lo que durarían mis hijas entre los colmillos del urco, pero los expertos nos mostraron, por encima de todo, las estéticas que funcionan al margen de la corriente temática fantástica puramente convencional. Camacho nos habló del bizarro, un género atravesado por el humor. Situaciones grotescas, personajes raros, parodias. La deconstrucción y todas sus consecuencias. Durante la ponencia resonaron con fuerza los clásicos: quién mejor, si no Kafka, para aventurar la horrorización del cuerpo como sujeto monstruoso y todos los miedos y obsesiones que es capaz de proyectar.

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                  Los géneros efímeros: el problema de la estética en el género fantástico

Libretitas: nuestros pozos de letras inquisitivas, las que saltan a nuestra cabeza como piojos reventados de sangre y que lacramos sobre papel con prisa e impaciencia.

La entrevista con el escritor estadounidense Joe Haldeman tuvo, como protagonista, a su libreta de notas fiel. El escritor de la Trilogía de Los Mundos y Viejo siglo XX nos la mostraba y apoyaba su testimonio como prolífero escritor con palabras discretas y un gesto sereno. ¿El éxito? Según el autor, es relativo. El éxito en ciencia ficción no está directamente relacionado con el dinero que ganas, mientras que, décadas atrás, los escritores exitosos eran los más adinerados. No ocurre lo mismo hoy en día. Lo que ganas es haber escrito –añadiría yo.

Relaciones emocionales y familiares no normativas en la CF. A mí me va todo. A estas alturas el urco ha muerto de inanición. Si no cultivas algo, ese algo se muere de asco. ¿Lo has pillao, escritor? Pues escribe.

Esta charla es especialmente interesante porque aborda el tema del género, la afectividad, el sexo, el amor no romántico y las múltiples manifestaciones del género en la vida y en la literatura de ficción especulativa. El plantel estaba integrado por Maria José Neguerela, Víctor García Tur, Silvia Vázquez y Juanma Santiago. Todos ellos, en sus diversas profesiones, pero unidos por su condición o vicio de lectores.

Las ideas preconcebidas de género y sexo se desbrozan en literatura de ficción. Lo normativo no existe cuando escribimos. Faltaría más. Podemos ser asexuados, andróginos, poliamorosos o policías queer. En la vida real, como apuntaba la psicóloga e investigadora social Silvia Vázquez, se están revelando diversos modelos de sexualidad, sujetos a la voluntad del ser humano en tanto ser sexuado. El género ya es la construcción social. Pero en literatura fantástica la cosa se pone aún más divertida: grandes autoras como L.Guin ya abordaron en su día –de manera más o menos atrevida– la capacidad sexual del individuo. La ciencia ficción conservadora de los ’30 y ’40 ha quedado alejada de los planteamientos modernos, aunque mucho me temo que hoy en día las librerías exudan amor romántico en sus estantes: es el concepto que salta en las páginas de los cuentos (en texto e ilustración) cuando nuestros hijos los hojean. Es momento de cuestionar los modelos de vínculo entre los seres humanos y de trabajar la afectividad en sus diversas construcciones –no sólo la de amante y amado como código binario.

                  Relaciones emocionales y familiares no normativas en la CF

¿Y la narrativa? ¿Alguien se ha acordado de ella? J. Valor Montero nos habló de narrativa aumentada y la narración transmedia y puso de manifiesto el concepto de la gamificación de la lectura como objeto de juego. Ya sabemos que hay tantos lectores como lecturas, pero en la gamificación desempeñan un papel crucial los nuevos soportes tecnológicos. Sólo así una novela puede ser, al mismo tiempo, un libro multimedia o un libro interactivo multiplataforma: un dispositivo que te permita leer, tocar, interactuar y resolver. Interesante noción de narrativa no lineal que nos sitúa ante la idea de que todo parte del texto, pero es que el texto mismo contiene, además, ingredientes de interacción con el lector susceptibles de traducirse en nuevos formatos. Partiendo de las ventanitas de tela y cartón que levanta el bebé, las posibilidades de la relación con el libro se multiplican con la narrativa aumentada.

             Narrativa aumentada y narración transmedia

Sólo me faltaba Lovecraft y la clausura del Eurocon para caer rendida ante las zarpas de este feroz festival. El domingo 6 de noviembre me ocupé de Lovecraft. El profesor e investigador Juan Luis Pérez–de–Luque, experto en la figura de Lovecraft, expuso ante los asistentes la influencia de la ciencia en la literatura del padre de la weird fiction. Las importancia de la ciencia impregnó la obra literaria del escritor americano, quien también asimiló el darwinismo y se inclinó temáticamente hacia la tecnología. El escritor de At the mountains of madness y The Rats in the walls, quien también cultivó la poesía y el género epistolar, fue un gran conocedor de astronomía –de hecho, hoy en día existe una región de Plutón bautizada con el nombre de Cthulhu. Así, Lovecraft y sus cuentos de terror han creado precedente en buena parte de la estética actual, incapaz de deshacerse del contenido científico para dar rienda suelta a la fantasía y ficción. Otra interesante explicación que nos ofreció Pérez-de-Luque fue la noción de literatura de terror gótico como corriente racionalista que busca explicar el origen de los monstruos, en contraposición con la estética del romanticismo, que ahonda y libera la expresión de los monstruos como figuras inherentes de ficción.

La Eurocon cerró sus puertas y plegó su mapa del tesoro, cediéndoselo a Dortmund (junto con la bandera), para albergar la siguiente edición en junio del 2017.

No sé si estaremos, pero en Barcelona hemos estado. Sin género de dudas.

Ahora me doy cuenta de que el urco era otra cosa. Era el deseo de siempre, que llama a sus puertas.

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Eurocon 2016 Barcelona. Literatura sin género de dudas (I)

Esta noche he soñado con que un urco de rugido atronador, cuernos de bisonte y sangrientos colmillos iceberg nos perseguía a mí y a mis hijas. Yo, superheroína, no sólo no pestañeaba, sino que además les instaba tranquilamente a que no le hiciesen caso, haciendo un ademán despreocupado con la mano, quitándole hierro (o colmillos) al asunto, como si tuviésemos delante a un idiota caniche rabioso.

¿Será porque me he tirado el fin de semana metida en la Eurocon? Literatura fantástica, ciencia ficción, pulp, Finnish weird, bizarro, terror… todos los géneros se han congregado en nuestro gran Festival de literatura fantástica. Pero lo que nos ha unido ha sido la literatura, sin género de dudas.

Viernes 4 de noviembre. Inauguración. Expectación. Movimiento agitado hacia la consecución de la Santa Credencial. Se supone que tiene que llegar el frío, pero en los pasillos del CCCB hierve el averno de la magia, de la literatura especulativa, los viajes en el tiempo y la autoclonación si me da la gana. Las editoriales muestran en sus stands las novedades más suculentas y los libros recuperados y/o de ocasión; su muestrario contiene los ingredientes que se desgranarán en cada charla sobre ficción y fantasía. Mi paseo por la tarde del viernes pretende catar un poco el ambiente y prepararme para el día siguiente (vamos, que no tengo tiempo para quedarme más aunque quisiera).

Sábado 5 de noviembre. Vamos a coger el urco por los cuernos. Me espera un batallón de conferencias que tocan todos los palos. Toqueteo mi bolígrafo, que se esconde en la espiral de la libreta, y lo amenazo con cercenar sus venas azules si no sale de la espiral cuando cuente tres. Tras unos preliminares ruiditos irritantes, me pongo en acción.

El Estado de la CF española. ¿Tradición o renovación? 

Los conferenciantes –lectores, escritores, investigadores doctos y expertos en ciencia ficción– Juanma Santiago, Cristina Martínez, Lola Robles y Fernando Ángel Moreno nos hablaron sobre la situación del fandom en España, las connotaciones temáticas de la ciencia ficción en los últimos cincuenta años y la imprescindible autoría femenina en el género. ¿Dónde podemos situar las tendencias ideológicas de los amantes del género? Se supone que los perfiles del amante del género corresponden a personas poco interesadas en la política, que buscan sobre todo el humor en las novelas. En palabras de Cristina Martínez, el lector de ciencia ficción es hoy en día apolítico. Es relativamente cierto. Estamos hartos de tanta suciedad. Pero, si huimos de algo, es de la política convencional; la que se recoge, recicla y vomita en la televisión u otros medios todos los días. En lo que sí somos políticos es en la pequeña política. Recomendar determinada novela es un acto político. No ceder en cierta conversación es un acto político. Los pequeños actos de cada día lo son.

¡Pero no te enrolles, heroína articulista que no se achanta ante un urco! La conclusión fundamental que se pudo extraer es que los frikis son, por encima de todo, amantes del género: personas inquietas.

¿Y la presencia de la mujer como escritora de ciencia ficción? ¿Me atrevo dejar de lado a la gran Lola Robles? Ni por asomo. Robles, además de escritora, es una recopiladora de autoras españolas de ciencia ficción, quien, con su labor, pone sobre el tapete las voces literarias femeninas de ficción más importantes desde la década de los ’60. Blanca Martínez, Elia Barceló, Ángeles Vicente, Rosa Fabregat y una larga lista han cultivado el género literario desde su fructífero taller. En los años ’60 se produce una gran explosión de escritoras; autoras necesariamente feministas en sus inicios que, a partir de la década de los ’70 y ’80 diversificaron su vocación gracias al trabajo de las anteriores. Empezaron, así, a nacer editoras, críticas, directoras de revista y creadoras de contenido web. Grandes proyectos reivindican el papel de la mujer en la literatura. Pero el papel o el papiro ha existido desde antes de la era cristiana y la mujer ha escrito en él siempre. El problema –como siempre– es el foco de atención (o, más terminológico: la canonización de la obra).

Fernando Ángel Moreno nos propuso una interesante crítica del peso ideológico de la ciencia ficción. No sólo eso: ¿nos hemos despegado del miedo a la crítica política en la recreación de la ficción? El perfil del escritor de CF es cínico y distante. Parece que sólo importa la trama. Si hablas con una persona no entendida en el tema, te dirá que en ciencia ficción sencillamente “pasan cosas”. La ciencia ficción debe incidir en nuestra política diaria. Ángel Moreno nos lanzó una reflexión espinada: abordemos temas del ser humano sin pasar de puntillas. Sexo, pulsiones e incidencia política. Interesante desafío. Las ideas deben circular como zigotos en nuestro pensamiento.

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                El estado de la CF española. ¿Tradición o renovación?

Mi bolígrafo me mira con alivio. No ha sido para tanto. Las libretas mágicas nos deben acompañar a todas partes. No sé si las traductoras Pilar Ramírez Tello y Noemí Risco usan libretas para sus traducciones, pero me aventuraría a decir que sí. Cómo podía faltar yo a la siguiente charla:

Traducciones que trascienden el papel

En un formato íntimo –la sala estaba abarrotada, pero me explicaré– en el que Risco formulaba preguntas a Tello, las dos grandes traductoras se sentaron delante del público en un registro de conversación cercana y coloquial. En la sala se reflejó la profesión al desnudo: la traducción es secundaria e imprescindible a la vez.

Se habló de los términos traducidos, del camino que lleva a la acuñación de palabras, de la responsabilidad del traductor en ese sentido y de la variedad de gustos en el lector que las acoge. Tello es traductora de Los juegos del hambre. Risco es traductora de El corredor del laberinto. Ambas hablaron, sin embargo, de la contemplación de la obra como tal, alejadas de ruidos de mercado. Como traductoras, se enamoran de sus traducciones, sin importar la repercusión comercial. Creo que hay que traducirlo todo. Sabes que algo es malo cuando lo has traducido porque, además, has aprendido de él. Hay que traducir desde las trincheras, sin complejos. Hay que traducir textos infumables y ascender a la ambrosía literaria cuando nos apetezca (o cuando nos llamen). Hay que traducir por encargo y hay que proponer traducciones. Aunque no nos hagan ni puto caso. Se trata de eso: de molestar, insistir y seguir traduciendo. A este respecto, Risco hablaba del síndrome de Stendhal que ella misma experimenta ante el texto literario en sí mismo. Suscribo cada palabra.

La charla dio para mucho. Las formas de hablar de los personajes y su traducción. Las decisiones que toman las distribuidoras cinematográficas en relación a los términos traducidos. En definitiva, fue una charla imprescindible en un festival sobre literatura fantástica e intuyo que los escritores y traductores allí congregados nos relamimos como el urco con mis dos retoñas.

Eché de menos más charlas en torno a la traducción. Las traductoras hemos sido y somos las madres de la literatura universal. Y se seguirá traduciendo (supongo que en la era posthumana, también).

Mi crónica de la Eurocon hace una pausa para la publicidad en la que me dará tiempo a tomar un té u otra droga dura, ya que he empezado el artículo reclamando frío y parece que, por fin, hoy lunes el frío ha llegado a la ciudad Condal. ¿Se habrá convertido el urco en un oso polar despistado?

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Gajos de un fructífero oficio

exito“Éxito. Un libro sobre el fracaso editorial”, Íñigo García Ureta
Trama Editorial. 2011
No ficción

 

 

 

Gajos de un fructífero oficio

Publicar o no publicar. Esa es la cuestión. “Éxito. Un libro sobre el rechazo editorial” es un ensayo escrito por el editor, escritor y traductor Íñigo García Ureta que parte de dos planteamientos básicos: la realidad de la industria editorial no sólo es compleja, sino –por si aún tuviésemos poco–, también poliédrica. Autores, editores, lectores profesionales y público lector son las diferentes caras de un mismo proceso, que es el de publicar. A través de las páginas de este manual, Íñigo García practica el don de ponerse en el lugar de cada personaje del entramado editorial y nos describe, así, al autor plomizo, o al sensato  protector de su obra –aunque también al autor llorón y poco dado a la autocrítica. También merece su atención el abrumado editor, en tantas ocasiones atiborrado de temas logísticos y comerciales que se consideran necesarios para la difusión de la obra. En la misma cadena del proceso se encuentra el lector profesional, que hace lo que puede con la ingrata fórmula de horas de lectura / remuneración. Por último, el público lector, variado, caprichoso, seducido por la inercia e impredecible a partes iguales.

García Ureta ilustra todas estas caras de la profesión con cercanía y humor (me ha faltado la del traductor: serán los ¿gajos del fructífero oficio?). Sólo así se entiende cómo el camino hacia la publicación está lleno de errores y de una enigmática combinación entre relativismo y azar. Porque los mayores errores han sido los mejores aciertos comerciales y, para demostrarlo, nos ofrece un selecto muestrario de ejemplos vivos, de autores emblemáticos y/o vendedores cuya obra fue rechazada en su día con reiteración y alevosía por parte del editor pertinente. Pero como autor, ¿hay solución a los anhelos de publicación?, ¿hay una recompensa por aquella mezcla –a veces indigesta– entre dedicación e ilusión? Ureta lo advierte desde las primerísimas líneas de este libro: escritor, si lo que buscas son soluciones milagrosas, olvídate de seguir leyendo. Nos ofrece, a cambio, una reflexión churchilliana que sirve de eficiente engranaje para Éxito: “El éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”.

En efecto, en este libro se reflexiona sobre la perseverancia en sus muchas y variadas formas. Cómo aplicarla depende de cada uno. Pero vuélvelo a intentar o inténtalo de otra manera. El concepto de relativismo alcanza al mercado editorial –no podía ser de otra manera. ¿Hay que hacerle caso a la industria?, se pregunta el autor. Por supuesto que no. En esta línea, los editores son la dianas de las mejores y más divertidas citas recopiladas y expuestas por Ureta, como la de Elbert Hubbard: “Editor: persona que trabaja para un periódico y cuya ocupación es separar el grano de la paja para, acto seguido, publicar la paja”. A pesar de ser vistos como los “malos de la peli”, Ureta sale finalmente en su defensa, arguyendo que los editores, en su tarea de filtradores de manuscritos, son, en todo caso, tan necesarios como los autores, pues ellos construyen las tendencias editoriales –algo que puede servir de guía para el ilusionado escritor–, pero no dejemos que el guía nos fastidie el viaje (añadiría yo). Descubramos nuestro propio camino, que incluye, en algún punto, perderse.

¿Ya te has encontrado, escritor? Pues presta atención a este bonito concepto: la autocreación. En este ensayo también se presta atención a la sabia tarea de la iniciativa propia. En nuestros días, un autor puede ser también editor y comercial. La difusión de las redes sociales, bien empleada, puede producir buenos resultados. Ureta anima, así, al perseverante escritor a publicar su obra sirviéndose de sus medios y material propio, pues no sólo manda el mercado. También cabe esta pregunta: “¿Estás seguro de lo que vas a publicar?” A lo mejor no te hace ningún favor. El éxito no es haber publicado, sino que haya tenido sentido hacerlo.

Las reglas de la publicación parecen ya escritas; lo difícil es descifrarlas. Como escritor, lucha contra esa corriente. Y lo más importante: no obedezcas al mercado; no intentes publicar pensando en vender. Sigue tu verdad. ¿Suena bíblico? Pero es vital.

El escritor debe desconfiar de todo y de todos; también de sí mismo. Autocrítica e independencia van de la mano. Un editor es también, en el fondo, escritor y un escritor querría haber sido editor. Todos podemos ponernos en el lugar del otro, siguiendo la lógica interna (también la desesperación, a veces) de cada pequeño gajo del oficio. Sigamos leyéndonos. A veces hay que leer algo malo para darse cuenta de que lo es. Pero si escribes algo malo… intenta no compartirlo (se aplica también a los best seller).

“La realidad se mide no por las reglas que genera, sino por el número de excepciones que es capaz de concebir”

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Contra(di)cciones

Gota a gota

vi nacer

su rostro y sus manos.

No hubo niebla,

no hubo nubarrones.

Sólo hubo

sangre y belleza.

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Maldita nostalgia (una nueva Era)

–Ayy, pasear…

–¡Qué dices! Pasear ya no es lo que era.

–¿No? En ese caso, siempre puedes soñar…

–He dejado de soñar. No me cabía otra alternativa. Lo he visto muy claro: soñar ya no es lo que era.

–Entonces, ¿escribes?

–¡No, no! Ya no escribo. No puedo escribir. Escribir tampoco es lo que era.

–¿Y el paisaje? El paisaje sí que––

–¿El paisaje? El paisaje ya no es ni remotamente lo que era. Ni el batir de las hojas. Ni siquiera el invierno, ni las miradas, ni los necesarios silencios, ni el pronóstico. Ni el espíritu ni la fuerza ni la mística unión de las cosas. Ni el Otro. Ni siquiera el Otro. El Otro ya no es lo que era. Nada, nada es lo que era.

–Todavía queda algo.

–No.

–Que todavía queda algo.

–No.

–¡Todavía nos queda algo!

–¡¡No!! ¡¿Qué nos queda?! Nada nos queda. Todo pasó. Ya nada es lo que era.

[Pausa]

–Inventar una nueva Era. Eso es lo que nos queda.

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Oda a los traductores

Los traductores

moqueamos,

lloriqueamos,

nos lamentamos

en un estulto ejercicio

que consiste en lamer

nuestras heridas de guerra editorialista

y nos cabreamos contra un mundo

creado para los que siguen el credo

de lo culturalmente rentable,

y nos planteamos

que quizá lo creativo

es un timo,

y en seguida

anhelamos otro trato

y así pasamos el rato,

pero también tenemos tiempo

de enfadarnos contra nosotros mismos

y de creer tocar el abismo

cuando, de pronto, encontramos la solución

y volvemos a coronarnos reyes de la independencia absoluta.

Y de la soledad.

Los traductores

tropezamos,

nos atolondramos

y defendemos

nuestros textos

con uñas y dientes.

Y un tiempo después,

cuando todo se ha acabado,

cuando la traducción ya hemos entregado,

empezamos a notar

un síndrome de abstinencia

que no tarda en llegar,

y entonces

moqueamos

lloriqueamos

nos lamentamos.

Y así nos damos cuenta

de que ya es tarde.

Ya no podemos sacudirnos

la fructífera adicción:

la traducción.

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Pérgola

Pérgola,

te crees respiradero

de la asfixiante ciudad

pero no eres más

que un hueco esqueleto

de hambrienta atonía.

Pérfida, columna anestésica.

Agalla artificial.

Pérgola de ciudad.

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“Quitapenas”, baile de palabras palpitantes

Fui a ver “Quitapenas” absolutamente seducida por el título de la obra. Qué motivo más  frívolo. Sí. ¿Y optas por una propuesta escénica, pagas una entrada y ocupas una butaca durante una hora sin saber qué carajo vas a ver? Sí, repito. Y además me permito un consejo –o autoconsejo–: en una sociedad como la nuestra, atestada de vídeos e inputs visuales, es necesario y hasta imperativo coger un panfleto (bueno, vale, también sirve una foto o publicidad de Twitter), dejarte seducir por la propuesta artística y acudir a la cita a ciegas con el arte sin saber lo que vas a ver. Porque lo queremos controlar todo. Porque nada escapa a nuestro ‘clic’ y porque la palabra “sorpresa” está demasiado asociada con un jodido huevo comercial de chocolate. Pues no. Me niego.

Efectivamente, con un título así –que vendría a ser como una carcajada en la cara del ingenuo–supe nada más entrar en la pequeñita sala del Teatro Gaudí que lo que íbamos a ver era pequeño formato. Mis expectativas subieron como un macaco hacia su banana. Y lo que me encontré fue poesía, ingenio y brillantes evocaciones. No era un espectáculo para quedarse aplatanado… La sociedad asoma también en “Quitapenas”. La sociedad publicitaria y las sociedades anónimas. Las mentiras que nos pretenden vender. El consumismo agorero.

La poesía vertebra “Quitapenas” de principio a fin. Si te gusta la poesía y los libros de autoayuda te parecen un notable género humorístico, tienes que ir a ver al actor uruguayo –y también integrante del dueto cómico Los Modernos– Pedro Paiva. Paiva aparece, ante el público, bigote afilado y mirada insondable. De pronto tus tercos límites de espectador topan contra un formato que no es cuento, no es recital, no es monólogo, no es teatro. Nos importa bien poco. La poesía toma, con Paiva, una inmensidad desbrozadora de inútiles etiquetas y se cristaliza en todos estos registros. “Quitapenas” es, también, un espectáculo de humor y de calculadas dosis de palabras, que se ensartan en tu corazón y te dejan con una sonrisa o con cara de lerdo. El repertorio es, por otra parte, formal, por lo que no hay interacción con el público. Se echó de menos. Pero la vida no es perfecta, como seguramente dirá la primera línea de tu manual de autoayuda.

La cadencia juega un importante papel en “Quitapenas”. Pero vuelvo a pensar en el título. Quitapenas son, también, aquellos pequeños títeres de dedo que se encargan de recoger y retener las preocupaciones y pesadillas de los niños antes de ir a dormir. Algo parecido a lo que conocemos como Atrapasueños. En la obra se celebra, del mismo modo, la vía de escape a la angustia a través de las palabras. El deseo de atrapar los miedos. Las palabras son prácticamente víctimas del artista orador, del cuentacuentos, porque las coge y las escoge y las corta por la mitad. Sin piedad. Las lanza, así, al público, con elegancia y nulo aderezo, y el público las aplaude. Atril, presencia y mínimos instrumentos percutivos. No hizo falta más.

No hace falta más. Palabras palpitantes: las de verdad.

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Pobres sufrientes adictos

Pobres sufrientes adictos;

debemos ayudarles

por el bien común

y sacrificarnos

por su bienestar.

La adicción arrasa nuestra sociedad

y la hace más humana y propensa a errar.

Pobres pudientes adictos,

que persiguen su consumo

porque no conocen otra cosa,

y su miedo se alboroza.

Debemos apoyarlos

y tratar sus adicciones

que, por algún motivo u otro,

les han llevado al acopio

de números periódicos

que inflaman de dígitos sus cuentas bancarias

e infectan de activos sus acciones.

Debemos cooperar,

debemos actuar;

por los pobres sufrientes adictos

enganchados a un encefalograma numérico

que les cuesta la vida,

ya que la vida cuesta

si no tratamos

la enfermedad

del pobre sufriente adicto

que tiembla de megalomanía

y vomita en la Bolsa cada día.

Pobres sufrientes adictos

que buscan un remedio

a su enfermedad

y nadie

se lo puede costear.

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