Eurocon 2016 Barcelona. Literatura sin género de dudas (I)

Esta noche he soñado con que un urco de rugido atronador, cuernos de bisonte y sangrientos colmillos iceberg nos perseguía a mí y a mis hijas. Yo, superheroína, no sólo no pestañeaba, sino que además les instaba tranquilamente a que no le hiciesen caso, haciendo un ademán despreocupado con la mano, quitándole hierro (o colmillos) al asunto, como si tuviésemos delante a un idiota caniche rabioso.

¿Será porque me he tirado el fin de semana metida en la Eurocon? Literatura fantástica, ciencia ficción, pulp, Finnish weird, bizarro, terror… todos los géneros se han congregado en nuestro gran Festival de literatura fantástica. Pero lo que nos ha unido ha sido la literatura, sin género de dudas.

Viernes 4 de noviembre. Inauguración. Expectación. Movimiento agitado hacia la consecución de la Santa Credencial. Se supone que tiene que llegar el frío, pero en los pasillos del CCCB hierve el averno de la magia, de la literatura especulativa, los viajes en el tiempo y la autoclonación si me da la gana. Las editoriales muestran en sus stands las novedades más suculentas y los libros recuperados y/o de ocasión; su muestrario contiene los ingredientes que se desgranarán en cada charla sobre ficción y fantasía. Mi paseo por la tarde del viernes pretende catar un poco el ambiente y prepararme para el día siguiente (vamos, que no tengo tiempo para quedarme más aunque quisiera).

Sábado 5 de noviembre. Vamos a coger el urco por los cuernos. Me espera un batallón de conferencias que tocan todos los palos. Toqueteo mi bolígrafo, que se esconde en la espiral de la libreta, y lo amenazo con cercenar sus venas azules si no sale de la espiral cuando cuente tres. Tras unos preliminares ruiditos irritantes, me pongo en acción.

El Estado de la CF española. ¿Tradición o renovación? 

Los conferenciantes –lectores, escritores, investigadores doctos y expertos en ciencia ficción– Juanma Santiago, Cristina Martínez, Lola Robles y Fernando Ángel Moreno nos hablaron sobre la situación del fandom en España, las connotaciones temáticas de la ciencia ficción en los últimos cincuenta años y la imprescindible autoría femenina en el género. ¿Dónde podemos situar las tendencias ideológicas de los amantes del género? Se supone que los perfiles del amante del género corresponden a personas poco interesadas en la política, que buscan sobre todo el humor en las novelas. En palabras de Cristina Martínez, el lector de ciencia ficción es hoy en día apolítico. Es relativamente cierto. Estamos hartos de tanta suciedad. Pero, si huimos de algo, es de la política convencional; la que se recoge, recicla y vomita en la televisión u otros medios todos los días. En lo que sí somos políticos es en la pequeña política. Recomendar determinada novela es un acto político. No ceder en cierta conversación es un acto político. Los pequeños actos de cada día lo son.

¡Pero no te enrolles, heroína articulista que no se achanta ante un urco! La conclusión fundamental que se pudo extraer es que los frikis son, por encima de todo, amantes del género: personas inquietas.

¿Y la presencia de la mujer como escritora de ciencia ficción? ¿Me atrevo dejar de lado a la gran Lola Robles? Ni por asomo. Robles, además de escritora, es una recopiladora de autoras españolas de ciencia ficción, quien, con su labor, pone sobre el tapete las voces literarias femeninas de ficción más importantes desde la década de los ’60. Blanca Martínez, Elia Barceló, Ángeles Vicente, Rosa Fabregat y una larga lista han cultivado el género literario desde su fructífero taller. En los años ’60 se produce una gran explosión de escritoras; autoras necesariamente feministas en sus inicios que, a partir de la década de los ’70 y ’80 diversificaron su vocación gracias al trabajo de las anteriores. Empezaron, así, a nacer editoras, críticas, directoras de revista y creadoras de contenido web. Grandes proyectos reivindican el papel de la mujer en la literatura. Pero el papel o el papiro ha existido desde antes de la era cristiana y la mujer ha escrito en él siempre. El problema –como siempre– es el foco de atención (o, más terminológico: la canonización de la obra).

Fernando Ángel Moreno nos propuso una interesante crítica del peso ideológico de la ciencia ficción. No sólo eso: ¿nos hemos despegado del miedo a la crítica política en la recreación de la ficción? El perfil del escritor de CF es cínico y distante. Parece que sólo importa la trama. Si hablas con una persona no entendida en el tema, te dirá que en ciencia ficción sencillamente “pasan cosas”. La ciencia ficción debe incidir en nuestra política diaria. Ángel Moreno nos lanzó una reflexión espinada: abordemos temas del ser humano sin pasar de puntillas. Sexo, pulsiones e incidencia política. Interesante desafío. Las ideas deben circular como zigotos en nuestro pensamiento.

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Mi bolígrafo me mira con alivio. No ha sido para tanto. Las libretas mágicas nos deben acompañar a todas partes. No sé si las traductoras Pilar Ramírez Tello y Noemí Risco usan libretas para sus traducciones, pero me aventuraría a decir que sí. Cómo podía faltar yo a la siguiente charla:

Traducciones que trascienden el papel

En un formato íntimo –la sala estaba abarrotada, pero me explicaré– en el que Risco formulaba preguntas a Tello, las dos grandes traductoras se sentaron delante del público en un registro de conversación cercana y coloquial. En la sala se reflejó la profesión al desnudo: la traducción es secundaria e imprescindible a la vez.

Se habló de los términos traducidos, del camino que lleva a la acuñación de palabras, de la responsabilidad del traductor en ese sentido y de la variedad de gustos en el lector que las acoge. Tello es traductora de Los juegos del hambre. Risco es traductora de El corredor del laberinto. Ambas hablaron, sin embargo, de la contemplación de la obra como tal, alejadas de ruidos de mercado. Como traductoras, se enamoran de sus traducciones, sin importar la repercusión comercial. Creo que hay que traducirlo todo. Sabes que algo es malo cuando lo has traducido porque, además, has aprendido de él. Hay que traducir desde las trincheras, sin complejos. Hay que traducir textos infumables y ascender a la ambrosía literaria cuando nos apetezca (o cuando nos llamen). Hay que traducir por encargo y hay que proponer traducciones. Aunque no nos hagan ni puto caso. Se trata de eso: de molestar, insistir y seguir traduciendo. A este respecto, Risco hablaba del síndrome de Stendhal que ella misma experimenta ante el texto literario en sí mismo. Suscribo cada palabra.

La charla dio para mucho. Las formas de hablar de los personajes y su traducción. Las decisiones que toman las distribuidoras cinematográficas en relación a los términos traducidos. En definitiva, fue una charla imprescindible en un festival sobre literatura fantástica e intuyo que los escritores y traductores allí congregados nos relamimos como el urco con mis dos retoñas.

Eché de menos más charlas en torno a la traducción. Las traductoras hemos sido y somos las madres de la literatura universal. Y se seguirá traduciendo (supongo que en la era posthumana, también).

Mi crónica de la Eurocon hace una pausa para la publicidad en la que me dará tiempo a tomar un té u otra droga dura, ya que he empezado el artículo reclamando frío y parece que, por fin, hoy lunes el frío ha llegado a la ciudad Condal. ¿Se habrá convertido el urco en un oso polar despistado?

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