Kosmopolis13

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Kosmopolis. 16 de marzo de 2013. Fiesta de la literatura y hervidero de mentes pensantes en los vastos pasillos del CCCB.

Este ha sido mi primer año en el evento. A veces, entre festivales de festivales y eventos barceloninos de sabor hiper-cosmopolita, cuesta aprovechar al máximo y sacar el enriquecimiento deseado de unas jornadas, conferencia o encuentro entre profesionales de un sector. En este caso, la agenda del Kosmopolis me ofrecía dos propuestas suculentas: Zebra Poetry Film Festival y conferencia-coloquio a tres bandas: el traductor y escritor Pau Vidal y los científicos Ricard Solé y Roderic Guigó, debatiendo -o intentándose encontrar- sobre la relación entre el genoma o ADN y, ¡el lenguaje literario!

La primera cita, el festival alemán Zebra Poetry Film Festival, dirigido por Thomas Zandegiacomo, era una presentación de videopoemas (poemas glosados con imágenes en movimiento), y lo que se presentaba en pantalla eran los videopoemas ganadores de este año. Merece la pena seguir de cerca la trayectoria de este festival, pero fueron variadas las sensaciones que me despertó ver imagen viva y palabra unidas en el mismo paquete. En algunos vídeos, no era más que eso: un pack de cortometraje y melodía lírica que no danzaban al unísono, pero es muy sorprendente ver cómo en otros videopoemas, la consonancia estaba viva y vibraba. A destacar el poeta Albert Bolash, con un texto sugerente y matices por todos los lados. Interesante, real, sentimiento. Pero aún cabe decir más cosas: sentadita en la cómoda y afelpada butaca, cuando seguía masticando los restos de un videopoema, me pasaba lo siguiente: me atropellaba el videopoema inmediatamente posterior como una escopeta de perdigonazos sensorial. No estamos pidiendo un tiempo terapéutico de pausa para pensar en la Crítica de la Razón Pura… ¡pero es que a algunos vídeos se le unía la traducción con subtítulos! Total: palabras poetizadas, argumento cinematográfico, interpretación del traductor… todo, ¡todo! En un mismo vídeo cuyo espíritu argumental había sido amado y seguido -con un propósito fidelizante-, por diferentes personas. Eso es exactamente lo que me gustó de los vídeos de las obras ganadoras del Poetry Film Festival: palabras versadas unas en otras y convertidas en acciones, sentimientos y lírica. Una telaraña amplificada de ecos que a veces distorsionaban; una distorsión necesaria para emplear la primera parte de una tarde chachi.

Segunda cita reservada, ineludible y atiborrada de curiosidad para la señora que escribe: debate-conferencia entre tres profesionales de distintos ramos del pensamiento: Pau Vidal, Ricard Solé y Roderic Guigó. El nexo temático que los debía de unir era la posible similitud entre genética y literatura. Genoma humano y texto literario. Productos (¿seguro? no en el caso de lo segundo) del pensamiento humano en su afán por escarbar las posibilidades de la conciencia de nosotros mismos. Pero lo que se produjo en el auditorio del CCCB con estos tres conferenciantes no fue un debate, ni un juguetón acercamiento de planteamientos. Fue, en cambio, una secuencia de reflexiones (en el caso de Vidal) y aforismos (en el caso de Solé y menos en el caso de Guigó).

El debate prometía mucho. Genoma y literatura, dos telarañas distintas, agua y aceite, objetividad y laberíntica subjetividad. ¡Qué temazo! Pau Vidal, traductor y amante de los juegos de palabras, consiguió hacer el debate suyo y, en mi opinión, ganó subsidiariamente. Solé y Guigo, profesionales e investigadores científicos, intentaron acercar la noción de genoma al amplio público pero yo, desde mi fútil asiento, les habría suplicado que le lanzaran el power point a las ficticias fauces de los gigantes de las fiestas de barrio que duermen en su época en el CCCB. En efecto, los científicos hablaron y explicaron el punto de partida del ADN, en todo caso como noción tangible y tan importante en nuestros días. Pero faltaron cosas. Muchas cosas. Chicha, acción, ganas de debate. Interesante, las ansias de conocimiento de la biología e interesante, el lenguaje literario, ambigüo, fácilmente maleable y necesario, también, para estar vivos como seres humanos. Pensantes.

Pau Vidal no defraudó: nos planteó un diccionario como posible conjunción de células (es decir, palabras). Pero a esta alegoría le faltaba echar más carne en el asador: finalmente, se propuso lanzar unas palabras cuya etimología podía proceder de la palabra ‘gen’ y propuso una mini-competición entre el público de acertar cuáles. Me gustó. Más aún, sus pretensiones de hacer un ‘frankenstein’ con este ejercicio-competición en su tarea presente de investigador del lenguaje. Porque precisamente de eso iba todo: de llegar al fondo de la cuestión alienizadora, que la ciencia se empeña en llevar más allá, en un intento de imponer su discurso verídico, que se pierde entre las estelas de la ambigüedad subjetiva, que es nuestro tesoro.

En mi opinión, es la lengua la que acaba reflejando las contradicciones del omnipresente discurso científico. Porque actuar como un autómata no mola.

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